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La necesidad del dulce

La necesidad del dulce

Tenemos necesidad de alimentos dulces y pareciera que son el único remedio a nuestros momentos de ansiedad o tristeza. Hemos establecido una relación negativa y de culpabilidad con un sabor tan maravilloso, reconfortante y necesario. Hablemos un poco de esto, ¿por qué nos atrae tanto este sabor?, ¿son todos los alimentos dulces iguales?, ¿qué podemos hacer para disfrutar de él sin culpas?

ESE DESEO IRREFRENABLE POR EL DULCE

Desde nuestro primer momento de vida, el sabor dulce es un reclamo natural que se satisface con la leche materna. Es, por tanto, absolutamente normal y primitiva la búsqueda de consuelo y nutrición en el sabor dulce.

Desde el punto de vista evolutivo, también tiene sentido este deseo irrefrenable por el dulce: los alimentos que tenían este sabor eran los alimentos seguros y densos nutricionalmente, mientras que los amargos escondían toxinas y podían significar una amenaza mortal.

La búsqueda de consuelo y nutrición a través del dulce es algo natural y primitivo, que satisfacemos en nuestros primeros meses de vida con la leche materna.

A veces tomamos un chocolate, cuando en realidad lo que necesitamos es un abrazo. Se trata de un tipo de hambre que no se resuelve comiendo y que suele generar sentimientos de culpa. El hambre emocional comúnmente apela al sabor dulce (no siempre, pero en la mayoría de los casos) porque la glucosa es lo que nuestro cerebro más nos pide (es su principal combustible) y porque es lo que genera la respuesta más inmediata a nivel químico. De hecho, el aumento de glucosa en sangre produce un aumento de endorfinas que nos hacen sentir bien.

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LA MONTAÑA RUSA DEL DULCE

La cuestión está en el tipo de comida dulce que escogemos. Si recurrimos a productos refinados, ricos en azúcares y en harinas, nuestro organismo experimenta un “subidón” de forma rápida que luego se transforma en “bajón”, cuando ese azúcar disminuye, también de forma rápida. Es un bajón de energía y también anímico, que nos llevará a consumir de nuevo este tipo de producto para volver a tener el subidón… y así sucesivamente. Como una montaña rusa que, en el mediano plazo, puede producirnos unos cuantos problemas de salud.

LA HIPER PALATABILIDAD DE LOS ALIMENTOS MODERNOS

La industria alimentaria ha contribuido a esta necesidad por el dulce inventando todo tipo de producto con cantidades desorbitadas de endulzantes, que no sólo nos hacen perder la sensibilidad por el verdadero sabor de los alimentos (y los encontramos insípidos), sino que, además, estimulan el lado más tirano de nuestro cerebro que nos pide más y más azúcar. Por no mencionar que una buena parte de las enfermedades de la modernidad se debe a un exceso de este tipo de producto en nuestra dieta.

RECUPERAR EL GUSTO POR EL DULCE NATURAL

Necesidad del sabor

No debemos sentirnos mal por querer tomar un dulce. La Medicina Tradicional China nos dice que este sabor es relajante… siempre que lo busquemos en alimentos saludables. En este sentido, y sin lugar a dudas, lo mejor que podemos hacer es apostar por alimentos dulces naturalmente. Alimentos como la mayoría de las frutas, algunas verduras y ciertas especias, tienen un sabor dulce propio que hemos dejado de reconocer y que también tienen la capacidad de hacernos rememorar esa emoción tan primitiva de tranquilidad y seguridad que nos aporta el dulce.

No nos hemos de sentir mal por buscar sabores dulces, siempre que los obtengamos de alimentos saludables que sean dulces naturalmente.

Si eres de los que suelen tener bajones de azúcar, intenta poner en tus platos algo de zanahoria, remolacha, calabaza, boniato, patata, cereales integrales o legumbre… que aportan azúcares, de manera dosificada, sin hacernos entrar en la agotadora montaña rusa que te comentaba. Y si quieres un postre, decántate por una pieza de fruta, que será siempre la mejor opción.

O, en esta época fría, una infusión de regaliz o una compota de manzana con canela son alternativas que te permitirán cerrar la comida con ese dulce reconfortante, relajante. Y sin culpas.

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